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La campaña de la patata arranca con buena calidad pero con márgenes cada vez más estrechos para el agricultor

"Con lo bonito no se come", Roberto Arriba Rodríguez advierte de que las bolsas transparentes y la exposición a la luz en las grandes superficies deterioran sus propiedades

Cristina Carro

Roberto Arriba Rodríguez, agricultor de la localidad vallisoletana de Carpio dedicado al cultivo de tubérculos y a la ganadería porcina, evalúa el inicio del arranque de la patata: "Hemos empezado a primeros de semana y todo normal porque está saliendo la patata con buena calidad, que es lo importante". Pese a que el clima afectó a parte de la masa foliar, el balance de cosecha se sitúa "sobre las 60 toneladas más o menos por hectárea", un dato "mejor de lo que se esperaba".

Sin embargo, Arriba recalca las crecientes trabas técnicas en el campo: "Cada vez tenemos menos tratamientos, nos toca echar otros productos que dañan más a las patatas, cada vez es mucho más complicado, sobre todo en los tratamientos de hierba y de escarabajo".

Respecto a la rentabilidad, el agricultor señala la disparidad entre lo percibido por el contrato de producción y el precio en el lineal: "Si ahora yo la vendo a 25 céntimos y en el supermercado está a 80 o a más, ya no son cuatro veces más, son diez o doce veces más. Todos tienen que ganar, pero la cuestión es que por lo menos nosotros no perdamos".

Finalmente, Arriba lanza una reflexión dirigida a la cesta de la compra: "El mensaje que hay que dar al consumidor es que con lo bonito no se come. Nos están educando a comprar patatas que vengan en una bolsita que parece un regalo, cuando la patata es una cosa para comer y lo que tiene que ser es buena, no bonita".