Roberto Arriba Rodríguez, agricultor de la localidad vallisoletana de Carpio dedicado al cultivo de tubérculos y a la ganadería porcina, evalúa el inicio del arranque de la patata: "Hemos empezado a primeros de semana y todo normal porque está saliendo la patata con buena calidad, que es lo importante". Pese a que el clima afectó a parte de la masa foliar, el balance de cosecha se sitúa "sobre las 60 toneladas más o menos por hectárea", un dato "mejor de lo que se esperaba".
Sin embargo, Arriba recalca las crecientes trabas técnicas en el campo: "Cada vez tenemos menos tratamientos, nos toca echar otros productos que dañan más a las patatas, cada vez es mucho más complicado, sobre todo en los tratamientos de hierba y de escarabajo".
Respecto a la rentabilidad, el agricultor señala la disparidad entre lo percibido por el contrato de producción y el precio en el lineal: "Si ahora yo la vendo a 25 céntimos y en el supermercado está a 80 o a más, ya no son cuatro veces más, son diez o doce veces más. Todos tienen que ganar, pero la cuestión es que por lo menos nosotros no perdamos".
Finalmente, Arriba lanza una reflexión dirigida a la cesta de la compra: "El mensaje que hay que dar al consumidor es que con lo bonito no se come. Nos están educando a comprar patatas que vengan en una bolsita que parece un regalo, cuando la patata es una cosa para comer y lo que tiene que ser es buena, no bonita".