Bonifacia Rodríguez Castro nació en Salamanca en el 6 de junio de 1837. Con tan sólo 13 años aprendió el oficio de cordonera, dos años después, cuando su padre falleció, se ganó el sustento con su trabajo.
Al calor de su taller comenzaron a reunirse un número de chicas que acabaron creando la Asociación Josefina. Fue Francisco Butinyá quién vió en aquella congregación femenina un planteamiento de futuro que dignificara el trabajo de las mujeres y las salvara de perder su dignidad en oficios fuera de su casa. Bonifacia fundó junto a él las Siervas de San José. Corría el año 1874, y sería a partir de entonces cuando Bonifacia demostrase su cercanía a los mandatos de Dios.
El nuevo director no vió en aquél taller un ejemplo de vida religiosa, y comenzó el rechazo y las humillaciones que perseguirían a la beata hasta su muerte. Bonifacia puso en marcha otro taller en Zamora, que encontró el apoyo moral y económico de la sociedad. Sin embargo, murió en 1905 luchando por la continuidad de este proyecto al que había dedicado su vida.
En 1969 la Congregación de las Siervas de San José fue reconocida por el Vaticano.