Castilla y León cuenta actualmente con 293 botiquines farmacéuticos repartidos en toda la Comunidad. El objetivo principal es llegar a las zonas rurales y con pocos habitantes. Myriam Gutiérrez es farmacéutica en Medina de Rioseco, en Valladolid, y lleva varios botiquines en la comarca de Tierra de campos, uno de ellos en Moral de la Reina.
Myriam llega cada lunes y cada jueves, siempre a la misma hora. Para muchos, su visita es tan esperada como imprescindible: "Ayudamos muchísimo a la gente mayor que no tiene disponibilidad de ir a por la mediación rápidamente como si tuviera coche o si tienen coche no se atreven a cogerlo".
Aquí el botiquín farmacéutico se abre solo dos veces por semana, pero son dos citas muy importantes para los vecinos: "Vivo a dos minutos de aquí. Si no, tendría que ir a 12 kilómetros", comenta uno de los usuarios del botiquín.
Menos medicinas en stock, pero el mismo servicio que en una farmacia normal. "Ellos ya tienen una pauta crónica y más o menos la sabes", apunta Myriam, "pero cuando te llaman y te dicen voy a necesitar tal, se me ha acabado tal medicamento, nosotros ya lo traemos, cogemos la receta electrónica, la pasamos, hacemos la dispensación".
Y los vecinos lo tienen claro: "No puede fallar doña Myriam". Porque para quienes no tienen coche, el botiquín es casi vital: "No tengo medio de trasporte. Para mí, tener que ir a Medina de Rioseco a por las medicinas, sería un trastorno muy grande".
En pueblos con una población cada vez más envejecida, estos botiquines son mucho más que un lugar donde recoger medicinas: son un servicio esencial y, sobre todo, un punto de vida y de encuentro para toda la comunidad.