La pirámide alimenticia en los centros educativos españoles afronta una renovación profunda con el objetivo de convertir el comedor en una herramienta de sostenibilidad y salud. La nueva normativa elimina de forma drástica la bollería industrial, los zumos y los postres lácteos azucarados, como natillas o helados, de la oferta diaria de los alumnos.
Restricciones a frituras y procesados
El consumo de alimentos fritos se limitará estrictamente a una vez por semana, exigiendo además el uso de aceites de oliva o de girasol no refinados. Por su parte, los ultraprocesados típicos como croquetas o empanadillas verán su presencia reducida a una única aparición mensual en los platos de los escolares.
Apuesta por el producto fresco e inclusividad
Los colegios deberán garantizar raciones diarias de fruta y verdura, de las cuales el 50% debe ser de temporada. Asimismo, se incrementa la presencia de pescado (hasta tres raciones semanales) y se establece la obligatoriedad de ofrecer menús alternativos para alumnos vegetarianos o con restricciones por motivos religiosos, garantizando el derecho a una alimentación equilibrada independientemente del contexto familiar.