Castilla y León acelera por orden la retirada de madera quemada frente a las plagas forestales

La Consejería de Medio Ambiente suprime las autorizaciones previas para agilizar la saca de arbolado afectado en 35.000 hectáreas forestales calcinadas este año

Ana Duarte

El balance de los incendios forestales en Castilla y León deja esta temporada más de 50.400 hectáreas calcinadas, de las cuales 35.000 corresponden a superficie arbolada. Tras la extinción de los fuegos, la acumulación de masa vegetal muerta en el monte representa un grave peligro para las masas forestales limítrofes que han logrado salvarse del fuego, debido al riesgo inminente de proliferación de insectos parásitos.

Eliminación de licencias y facilidades al propietario

Con el objetivo prioritario de prevenir plagas de escolítidos y barrenadores de la madera, la administración autonómica ha promulgado una orden extraordinaria que simplifica la burocracia de los aprovechamientos. Hasta la fecha, los titulares de los terrenos debían solicitar autorizaciones administrativas o presentar comunicaciones previas. Con la entrada en vigor del nuevo marco normativo, los propietarios quedan facultados para retirar de forma directa e inmediata el arbolado calcinado.

Plazos de ejecución y aprovechamiento para biomasa

La normativa autonómica fija un calendario estricto de actuación según las especies forestales. La recogida de los pinos calcinados será obligatoria antes del 31 de marzo de 2027, mientras que para el resto de la masa arbolada se aconseja culminar la extracción antes de marzo de 2028. Pese a los daños térmicos sufridos, la madera recuperada conserva viabilidad comercial para la generación de biomasa y la fabricación de palés.

Desde el Servicio de Promoción Forestal autonómico se subraya que la saca del arbolado constituye únicamente el paso inicial del plan de recuperación. La intervención prioriza los trabajos de emergencia destinados a contener la erosión del suelo tras la pérdida de cubierta vegetal. Posteriormente, los técnicos evaluarán la capacidad de regeneración natural de la masa forestal antes de acometer trabajos de repoblación artificial en aquellas zonas donde la naturaleza no pueda restituirse por sí misma.