Han sido abrazos de agradecimiento y de afecto. Y en el mejor momento posible. Cuando saltó la noticia, el bodeguero José Moro no lo dudó ni un momento. Puso sobre la mesa los medios necesarios para que volvieran a casa.
Han pasado casi un año de agonía en Sierra Leona. Una estafa les dejó sin papeles, sin vehículo y apenas sin dinero. Ahora, su gratitud hacia esta Fundación es infinita.
A pesar del mal trago no desesperan. Su intención es volver de nuevo en enero al país africano. Es difícil sacarles una sonrisa, pero en Navidad, más que nunca, la suerte a ellos les ha sonreído.