La historia comienza por casualidad. Alejandra del Barrio, profesora de la Universidad de Salamanca, llegó a Sepulcro-Hilario para restaurar una imagen de la parroquia de San Pedro Ad Víncula como parte de su tesis doctoral. Para trabajar, le ofrecieron una vieja mesa. Al examinarla descubrió que aquel mueble escondía un secreto de más de quinientos años.
Las primeras catas confirmaron lo que nadie imaginaba. Bajo las capas de suciedad aparecieron pigmentos de gran calidad, como esmalte de Venecia o cola de Milán. Los análisis determinaron que las tablas pertenecen a la escuela de Berruguete y representan escenas de la vida de San Pedro.
Y todavía guardaban otro detalle extraordinario. Entre las figuras aparece retratado el inquisidor Juan López Sierra, natural del municipio y mecenas que financió tanto la iglesia como las pinturas.
El retablo ha regresado al altar donde estuvo originalmente. Queda pendiente, eso sí, recuperar la tabla central, la pieza más importante del conjunto.
Los vecinos buscan ahora los fondos necesarios para completar la restauración y devolver al retablo todo su esplendor.