¡Quién te ha visto y quién te ve! Un dicho castizo, que casi siempre viene aparejado de parabienes. En esta ocasión, la frase es una desgraciada radiografía del decadente momento que vive el Cuatro Rayas Valladolid. Las arcas están vacías -la deuda del club ya sobrepasa el millón de euros- y la cantera se ha convertido en el único activo no 'tóxico' de una entidad golpeada duramente por la crisis.
Una situación límite donde la chistera del 'mago' Juan Carlos Pastor ha dejado de obrar milagros. “Necesitamos rendimiento. ¿Qué llevamos? Cero puntos. No estamos en una escuela. El problema de todo esto es que son demasiados chicos a la vez, pero es que no hay otra porque el presupuesto es el presupuesto que hay”, lamenta el técnico.
Por si fuera poco, las lesiones de los pesos pesados de la plantilla han asolado al conjunto desde el inicio de la temporada. Hasta seis jugadores se perdieron el debut ante el BM Villa de Aranda. A la derrota ante el conjunto burgalés le han seguido tres más hasta completar un calamitoso mes de septiembre.
Nunca antes en el pabellón Huerta del Rey se había vivido un arranque de Liga Asobal tan desolador. “Las cuatro derrotas son importantes porque nunca había pasado aquí, pero tampoco podemos obsesionarnos porque nos podemos hundir”, reconoce José Delgado Ávila. El veterano jugador universal trata de infundir confianza entre sus jóvenes compañeros en las maratonianas sesiones de entrenamiento implantadas esta temporada por el técnico. En ocasiones, las jornadas de trabajo alcanzan las cuatro horas de duración. “Es la única manera de mejorar”, apunta resignado el entrenador vallisoletano.
Acostumbrado a los días de vino y rosas, ahora Juan Carlos Pastor debe asumir a pasos agigantados su nuevo rol en la Liga. “Espero que entre todos lo saquemos adelante”. Un lacónico mensaje de esperanza ante un futuro nada halagüeño. En el caso del Balonmano Valladolid gana más sentido que nunca la frase de que cualquier tiempo pasado siempre fue mejor.