Mónica Murciego
Tener un cociente intelectual brillante no siempre es sinónimo de éxito; a menudo se convierte en una fuente de sufrimiento silencioso dentro del entorno escolar. Para derribar el mito del "alumno perfecto" y visibilizar los retos cotidianos a los que se enfrentan estas familias, León ha acogido unas jornadas especializadas centradas en la detección y el acompañamiento educativo.
Las altas capacidades no se reducen a sacar buenas calificaciones. Van estrechamente ligadas a una sensibilidad extrema e intensidad emocional que dificulta, en muchos casos, la socialización e integración de los menores. Procesar el entorno de forma tan intensa provoca que el rechazo de los compañeros se magnifique, derivando con frecuencia en episodios de acoso escolar y aislamiento social provocados por el aburrimiento en clase y la falta de adaptación.
Desde las organizaciones y expertos del sector señalan el reto que supone el diagnóstico temprano. Según destaca Rafael Dávila, educador social, la gestión del talento en España contrasta con la de otros países: "En nuestro país es más un marrón que una buena noticia que nazca un niño con altas capacidades". Por su parte, Pedro Barrio, presidente de ALAC, recalca la lucha de las familias para que sus hijos sean reconocidos en los colegios, aclarando que "no es un interés de poner etiqueta, sino de que te reconozcan la alta capacidad".
Para frenar la pérdida y el abandono del talento escolar, las asociaciones solicitan potenciar alternativas adaptadas y mayor capacitación docente. Cristina Renedo, representante de la Federación Arquímedes, subraya la importancia del aprendizaje motivacional: "Las personas con alta capacidad trabajan mucho por retos, entonces esos retos son los que a ellos les anima, les motiva y les estimula".