Fernando Sánchez Dragó (Madrid, 1936). Es hijo adoptivo de Soria desde 1992 y ha elegido Castilfrío de la Sierra, un pueblecillo recoleto y casi deshabitado, para levantar allí su refugio. Aprendió a escribir a máquina siendo muy niño, como en un juego, gracias a las Underwood que había en casa. Su padre era el director de la agencia de noticias Febos hasta que fue asesinado durante los primeros meses de la Guerra Civil. Fernando Sánchez Dragó tardaría cincuenta años en dar con el paradero de sus huesos y algo más en escribir la novela catártica en la que se cuenta esa historia: Muertes paralelas (2006).
Viajero infatigable, muy pronto cogió la mochila y empezó, antes de que el turismo masivo y la globalización lo invadieran todo, a recorrer países. Licenciado en Filosofía y Letras, ha sido profesor universitario en Japón, Senegal, Marruecos, Kenia... Irrumpió a lo grande en el panorama literario e intelectual con la monumental Gárgoris y Habidis (1978), un recorrido por la España mágica, por sus ritos, esoterismos y misticismos, un ambicioso catálogo de los espantos y las maravillas que más tarde fueron en gran parte barridos por la modernidad. Le llevó cinco años escribirlo y tuvo que recorrer, para documentarse, veinte milkilómetros. Gárgoris y Habidis, que ha conocido innumerables reediciones y ha ido acumulando lectores a lo largo de los años, mereció el Premio Nacional de Literatura.
Toda la obra de Sánchez Dragó (novelas, ensayos, artículos) está impregnada de la arrolladora y desbordante personalidad del autor. Más que en otros escritores, sus libros reflejan sus obsesiones y sus zozobras, su periplo ideológico, que le ha conducido desde el izquierdismo antisistema (y antifranquista) de su juventud a un liberalismo que hace compatible con el orientalismo espiritual.
En Las fuentes del Nilo (1986), ambientada en la asfixiante posguerra, da una visión de la lectura como vía de escape e isla protectora. En La prueba del laberinto (1992), Premio Planeta, se desarrolla una trama detectivesca para indagar en la figura de Jesucristo. Carta de Jesús al Papa (2001) es un ensayo en el que Dragó nos presenta, en un tono marcado por la crítica y el reproche, lo que Jesucristo le hubiera dicho a Juan Pablo II. En Koroko: a vida o muerte (2005) se entrevista a sí mismo después de haberse asomado, a causa de problemas cardiacos, al borde del precipicio.
Aunque ha recibido premios y reconocimientos, de lo que más orgulloso se siente es de que en su honor hayan bautizado a una variedad de escarabajo, el somaticus sanchezdragoi, porque eso garantiza su paso a la posteridad. Su labor como articulista y como colaborador de prensa ha sido infatigable; prácticamente, no hay periódico o revista que no haya contado en alguna ocasión con un texto suyo.
Su presencia constante al frente de programas de televisión relacionados con los libros le ha hecho muy popular. Estos programas, además, han desempeñado una importante tarea de divulgación literaria y cultural. Merecen citarse, entre otros, Encuentros con las letras, Biblioteca Nacional o Negro sobre blanco (los tres en TVE).
En 2006 recibe el Premio Fernando Lara de novela por Muertes paralelas.
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BIBLIOGRAFÍA
- España viva (1967). Con el seudónimo de Ramiro Delso. Muchnik Editores.
- Gárgoris y Habidis. Una historia mágica de España (1978). (4 volúmenes).
- Libros Hiperión. (1982) Argos Vergara. (1994 y 2001) Planeta.
- La España mágica (1983). Epítome de Gárgoris y Habidis. Alianza Editorial.
- Yin y Yang. Un viaje mágico por España (1700-1983). Apéndice de La España mágica. Alianza Editorial.
- Eldorado (1984). Planeta. Novela.
- Finisterre. Sobre viajes, travesías, naufragios y navegaciones
(1984). Planeta.
- Ideas para una nueva política cultural (1984). Almar. Texto de una
conferencia pronunciada en la clausura del II Congreso del Partido Demócrata Liberal
- Las fuentes del Nilo (1986) Planeta. Novela.
- Del Priscilianismo al Liberalismo. Doble salto sin red
(1987). Editorial Prensa y Ediciones Iberoamericanas.
- Volapié. Toros y Tauromagia (1987). Espasa Calpe.
- El camino del corazón (1990). Planeta. Novela.
- La Dragontea. Diario de un guerrero (1992). Planeta.
- La prueba del laberinto (1992). Planeta. Novela.
- Calendario Espiritual de Fernando Sánchez Dragó, 1993 (1992). Temas de Hoy.
- Discurso Numantino (1995). Último volumen de Una historia mágica de España. Planeta.
- La del alba sería (1996). Planeta. Memorias espirituales.
- Diccionario de la España Mágica (1997). Espasa Calpe.Con la colaboración de Antonio Ruiz Vega.
- En el alambre de Shiva: la Dragontea 2 (1997). Planeta.
- El camino hacia Ítaca: la Dragontea 3 (1998). Planeta.
- Historia mágica del camino de Santiago (1999). Planeta.
- Carta de Jesús al Papa (2001). Planeta.
- El sendero de la mano izquierda (2002). Editorial Martínez Roca.
- Sentado alegre en la popa (2004). Planeta.
- Kokoro: a vida o muerte. Dragó entrevista a Dragó (2005). La Esfera de los Libros.
- Muertes paralelas (2006). Planeta. Novela.
- Libertad, fraternidad, desigualdad. Derechazos (Áltera, Madrid, 2007).
- Diario de la Noche. Los textos más polémicos del informativo nocturno más personal (Planeta, 2007).
- Y si habla mal de España, es español (Planeta, 2008).
- Soseki: Inmortal y tigre (Planeta, 2009).
Numerosos artículos, críticas, reseñas literarias y trabajos monográficos publicados en Aldebarán, Galatea, Ínsula, Revista de Occidente, Cuadernos
de Arte y Pensamiento, Cuadernos del Norte, Camp del Arpa, La Bicicleta,
Ajoblanco, El Viejo Topo, Cisneros, El País, ABC, Diario 16, Tiempo, El Correo
Español, La Voz de Galicia, Interviú, Viajar, Celtiberia, Papeles de Son Armadans, Más Allá, Conciencia Planetaria, etc.
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La palabra a don Pío Baroja: «otro tipo desaparecido de la corte, con una descripción rápida, fue el maragato. El maragato era pescadero. Habitando una región que no tiene costa, no se comprende por qué se había dedicado a esta especialidad. A la puerta de todas las pescaderías de Madrid se le veía al maragato con su traje regional de aire antiguo. Éste consistía en unos calzones anchos, verdes a rayas negras, atados con cintas a las polainas, un chaleco de cuero o de ante, un jubón de color con botones de filigrana y un sombrero redondo de alas anchas y copa chata con dos cintas para atrás. Con esas trazas se parecía un poco a los bretones. Los maragatos se decidieron un día a abandonar esta indumentaria patriarcal, y de su carácter y de su antigua vestimenta no les quedó más que un peto y un mandil negro y verde. Fue una ruptura violenta de la tradición...»
Con lo que ya sabemos algo importante: no quedan maragatos. Esa gente, como los vagones de tercera, pasó a la prehistoria. Mentarla será volver los ojos atrás. Pero existen destinos peores. Acabamos de verlo.
Dice Caro Baroja que la Maragatería abarca siete ayuntamientos, trescientos cincuenta kilómetros cuadrados y (en las primeras décadas del siglo) alrededor de dos mil almas empadronadas. Todo eso —de más está aclararlo— por tierras y bajo la férula de Astorga, ciudad sagrada por derecho de fundación. Jorgito Borrow se pateó a conciencia el enclave trujamaneando biblias paganas y nos dejó, como de costumbre, una sabrosa parrafada de primera mano sobre la catadura de sus habitantes. Pareciéronle éstos «la casta más singular de cuantas puedan encontrarse en la mezclada población de España». La frase, escrita por un inglés, suena a desafío y a impertinencia. Borrow, sin embargo, la justifica con gracejo acumulando extravagancias fidedignas en la filiación de los encartados. Conocemos ya su fantástica indumentaria. El maragato, además, «nunca se casa con españoles», habla la lengua de éstos sin buena voluntad y adornándola de aspereza, considera asunto de faldas el quehacer del campo, lleva el cráneo rigurosamente afeitado (menos un anillo de pelo en la parte inferior), rara vez se enfada (aunque resulta enemigo de mucho cuidado cuando alguien le obliga a hacerlo) y vive de, por y para la arriería, siendo en ella tan de fiar que «cuantos han utilizado sus servicios no vacilarían en encomendarles el transporte de un tesoro desde el Cantábrico hasta Madrid». Y eso aun teniendo en cuenta lo desalado de sus honorarios. Conque arrieros eran, en el camino andaban, a su sombra se enriquecían y muchos dejaron morir grandes fortunas condicionadas, ay, a la obligación de invertir parte de ellas en la compra, manufactura y embellecimiento de chismes litúrgicos y religiosos.
Sorprende tanto fervor póstumo y un poquillo lameculos, pero quizá pretendían lavar con él la fama de la especie y proteger en salud el futuro cuello de su descendencia. Y es que estamos en lo de siempre: al maragato nunca le creyeron cristiano viejo quienes con razón o sin ella se arrogaban ese título. Una y otra vez se resuelve la discusión sobre el origen de la etnia en la zarabanda de costumbre. Y más, si cabe. El caritativo fray Sarmiento aún tuvo que echar al asador en pleno siglo XVIII todo el agibílibus y mundología de su minerva para poder estampar en el remate de un minucioso ensayo esta increíble frase: «digo, pues, en conclusión, que los maragatos son hombres como los demás».
Gárgoris y Habidis. Una historia mágica de España.