En Castilla y León se calcula que alrededor de 16.000 jóvenes conviven diariamente con el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Con motivo del Día Nacional de esta condición, pacientes, familias y asociaciones alzan la voz para reclamar más comprensión social y un apoyo firme tanto en el ámbito sanitario como educativo.
El proceso hasta llegar a un diagnóstico definitivo suele ser un camino complejo que comienza en las aulas. Tras las primeras alertas escolares, la intermediación de la orientación educativa y la derivación a salud mental pediatría resultan determinantes. Sin embargo, en muchos casos son las propias familias quienes detectan los primeros patrones al verse reflejadas en sus hijos, identificando vivencias y conductas compartidas desde la infancia.
El TDAH acompaña a la persona a lo largo de toda su vida, manifestándose de formas muy diversas en la etapa adulta. Fenómenos como el hiperfoco o hiperconcentración permiten fijar la atención de manera intensa en actividades de alto interés, provocando incluso el aislamiento de estímulos o necesidades básicas como el hambre. Asimismo, dificultades cotidianas como el aplazamiento selectivo o la autorregulación emocional forman parte del día a día de miles de adultos.
Desde asociaciones como AVATDAH se insiste en la importancia de garantizar una atención adecuada en los centros educativos y de acompañar a las familias durante todo el proceso. Reivindicar esta fecha supone recordar que detrás de cada diagnóstico no hay falta de interés ni de esfuerzo, sino una neurodivergencia que requiere ser atendida desde el entendimiento y el respeto.