Premio Gerardo Diego 1994

Herrero, Fermín

La mayor parte de su obra poética se circunscribe al paisaje desolado de su pueblo natal, concretamente, de la comarca de Tierras Altas, una de las más deprimidas de España.

Miriam Chacón / ICAL

Fermín Herrero (Ausejo de la Sierra, Soria, 1963). Se licenció en Filología Hispánica y actualmente trabaja como profesor de secundaria en un instituto. La mayor parte de su obra poética se circunscribe al paisaje desolado de su pueblo natal, concretamente, de la comarca de Tierras Altas, una de las más deprimidas de España.

En 1994 obtuvo el Premio Gerardo Diego de poesía que convoca la Diputación Provincial de Soria con Anagnórisis. En este poemario, dividido en tres partes ("Singladuras", "Permanencias" y "Diálogos"), aparecen ya los que serán temas constantes en sus escritos: la presencia de la naturaleza y sus ciclos unidos a la existencia, la belleza de lo humilde, la recuperación del tiempo pobre y agrícola de los padres, el recordatorio del horror de las ideologías que calcinaron el siglo XX, la lentitud y la espera... Con un estilo que también se mantendrá en todos sus libros: una mezcla de metros de raigambre clásica con verso libre y la exploración de nuevas posibilidades expresivas y rítmicas mediante el encabalgamiento.

Con Echarse al monte (1997) consiguió el Premio Hiperión. El jurado del mismo destacó "la audacia de sus planteamientos y la arriesgada síntesis y precisión de su léxico —de lo rural a lo cibernético—, así como su afinadapercepción del mundo contemporáneo en su brillante y sórdida complejidad". El libro es un retrato de ese mundo rural que agoniza ante la indiferencia de una sociedad cada vez más hueca.

La obra de Fermín Herrero, ajena a grupos y capillas y de una indiscutible originalidad, continúa con Un lugar habitable (Madrid, 2000), que trata de colonizar otro territorio más íntimo, el lugar habitable entre el campo y la ciudad, el amor y el cansancio, la memoria y el instante. Paralaje (2000) apareció en un volumen conjunto con los relatos de Julio Izquierdo, Los hijos secos, porque ambos parten de las experiencias de una infancia rural para abordar algunos de los grandes temas de nuestro tiempo. El libro está escrito por entero en prosa poética y narra dos autobiografías paralelas, un hombre y una mujer, cuyas vidas acaban cruzándose.

El tiempo de los usureros (2003) profundiza en ese mundo rural de sus orígenes, al igual que Endechas del consuelo (2006), que constituye, en palabras de Carlos Aganzo, "un nuevo y extraordinario ejemplo, depurado casi hasta el extremo, de esa poesía esencial que, con sabiduría de jardinero, cultiva el poeta de Ausejo de la Sierra".

También en Tierras altas (2006) está presente el alto llano numantino, escenario de la muerte de una civilización campesina y de un lenguaje decantado a lo largo de siglos que se está perdiendo irremisiblemente. La lengua de las campanas (2006) es un libro desgajado del anterior, de temática pareja, compuesto por tres formas estróficas japonesas: tanka, haiku y cheedoka. Son impresiones de raíz paisajística, breves meditaciones fruto de la contemplación y de la edad.

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BIBLIOGRAFÍA

  • Anagnórisis (1995). Diputación Provincial de Soria.
  • Echarse al monte (1997). Hiperión.
  • Un lugar habitable (2000). Hiperión.
  • Paralaje; Los hijos secos (2000). Soria Edita. Con Julio Izquierdo.
  • El tiempo de los usureros (2003). Hiperión.
  • Endechas del consuelo (2006). Junta de Castilla y León.
  • Tierras altas (2006). Hiperión.
  • La lengua de las campanas (2006). Caja de Ahorros de Ávila.

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Tienes las manos frías, como siempre,

y cierto aire de tristeza cuando miras

lo que hicieron los años con nosotros. Podría

adivinar en tu silencio los labios de un reproche

leve, en razón de la costumbre que nos asfixia.

Pero es tarde quizá para airear motivos

que no sean errores propios, y por tanto secretos,

—y ya no estamos para confesiones

ridículas o dramas de opereta—.

Después de tanto tiempo el deseo carece

de sorpresas y todas las palabras

están gastadas por los dedos sin atributos,

amables de ordinario para el cuerpo que buscan

con recelo, pues el tacto conoce sus fronteras.

Y, sin embargo, nada ha cambiado en sustancia,

sólo que la tristeza nos visita con más frecuencia

y no sé qué decirte que no hayas oído ya

porque nos hemos desnudado juntos

en demasía y en el fondo somos difíciles

y por eso llegamos a querernos,

sabiendo a lo que nos exponíamos.

–EROSIÓN–

Un lugar habitable.