Las altas temperaturas y los costes disparados recortarán la cosecha de cereal casi un 24%

El adelanto de la campaña en Castilla y León y la reducción de la superficie sembrada comprometen la rentabilidad de los agricultores

Cristina Carro

El sector cerealista afronta una de las campañas más complejas de los últimos años. A escasas tres semanas para que comience oficialmente la cosecha del cereal en Castilla y León, las inusuales y elevadas temperaturas han obligado a adelantar las labores y provocarán una merma importante en los rendimientos agrícolas. Según estimaciones de las Cooperativas Agroalimentarias de España y la Asociación de Comercio de Cereales, la producción de cereal estatal sufrirá una caída de entre el 23% y el 24% respecto al año anterior, situándose en el entorno de los 19 o 20 millones de toneladas.

El lastre de los costes y el déficit del suelo

Esta caída viene motivada, además de por el clima, por una reducción de entre el 10% y el 12% en la superficie sembrada. A esto se suma el agotamiento de los terrenos tras la histórica cosecha récord del año pasado. La gran extracción de nutrientes de la planta previa, sumada a unos planes de abonado muy ajustados este año por el elevado precio internacional de los fertilizantes, ha dejado la tierra con un déficit evidente. Tanto los productores nacionales como los agricultores de Estados Unidos, Ucrania o Rusia se ven obligados a aplicar una cierta retención de mercancía debido a unos costes de producción y de la energía que no dejan de subir.

Precios planos y la sombra de la geopolítica

El comportamiento del precio de los cereales ha sido muy lineal durante el año. Mientras el precio de la cebada ha subido levemente entre 12 y 15 euros respecto al inicio de campaña, el precio del trigo se ha mantenido completamente plano. El mercado de futuros del cereal mira de reojo a la geopolítica mundial; una posible reapertura del Estrecho de Ormuz normalizaría los flujos de crudo y presionaría los precios a la baja. Ante este escenario de incertidumbre, la industria está comprando al día, mientras que el agricultor opta por almacenar el cereal en sus naves a la espera de cotizaciones que permitan cubrir los costes y garantizar la rentabilidad del agricultor.