El cerebro entra en conflicto ante opiniones políticas contrarias

La neurociencia explica que procesar ideas ajenas supone un alto gasto energético que favorece la polarización social

Verónica Melendre

El periodo electoral somete a los ciudadanos a un constante bombardeo de mensajes. Sin embargo, procesar ideas que no compartimos no es una tarea sencilla para nuestra biología. Según la neurociencia, cuando escuchamos una opinión contraria, el cerebro detecta inmediatamente un conflicto.

El coste energético de la discrepancia

Mantener el pensamiento propio mientras se evalúa el ajeno requiere una operación cognitiva exigente. Francisco M. Ocaña, investigador principal en Neurociencia del Bienestar, señala que "esa toma de decisión realmente es un gasto energético". Ante este esfuerzo, muchas personas optan por callarse o abandonar la conversación para evitar el desgaste o la riña.

Estrés y polarización

El contexto social actual agrava esta situación. El estrés crónico en el que vive la mayoría de la población provoca que el cerebro tenga menos recursos para la apertura. Según Ocaña, el ritmo diario favorece que la sociedad se cierre "en banda", aumentando la polarización.

Síntomas físicos y defensa

La discrepancia política no es solo intelectual; tiene un reflejo físico. El "radar de incongruencia" del cerebro puede activar:

  • Nudos en el estómago.

  • Tensión corporal.

  • Tendencia a la defensa o al cierre de la conversación.

Entrenar el cerebro para razonar

A pesar de la respuesta instintiva, los expertos aseguran que el cerebro se puede entrenar para "no reaccionar, sino razonar". La clave reside en escuchar desde la calma, atendiendo al mensaje de forma neutra para valorar si la información es conveniente para nuestra toma de decisiones.